Breve proceso de Danza Movimiento Terapia Individual: «El movimiento me cura»

Resumen

Este artículo relata de forma descriptiva y fenomenológica el diálogo entre una consultante de sesiones de Danza Movimiento Terapia y una danza movimiento psicoterapeuta. Refleja la posibilidad de este abordaje de ligar las palabras, pensamientos, emociones, recuerdos, con la experiencia directa de moverse, danzar y habitar el cuerpo. El marco metodológico está basado en Marian Chace (1896-1970), una de las pioneras en DMT de la corriente americana, quien consideraba que la danza es comunicación y, como tal, satisface una necesidad básica humana.

Palabras clave: Danza Movimiento Psicoterapia, movimiento-palabra, proceso, descripción fenomenológica


Metodología utilizada en el proceso DMT

Esta metodología fue desarrollada por Marian Chace y sus discípulas. Ella trabajaba en grupos, preferentemente. Este proceso se aplica a encuentros individuales. Cada sesión tiene la siguiente estructura:

  • Caldeamiento: es la entrada en calor, el encuentro con el terapeuta, primeras expresiones, etc. El DMT espeja[1] el repertorio de movimiento del paciente, acompaña, establece una comunicación no verbal.
  • Desarrollo temático: detección de indicios o mensajes no verbales; se expande, se extiende, se clarifica con acciones. También se puede utilizar verbalizaciones o imágenes de parte del DMT para chequear la temática.
  • Cierre: es un momento en donde se propicia y acompaña el cierre de la experiencia, con verbalizaciones o gestos.

Primera entrevista

Una mujer de unos 60 años, a quien llamaré “M”, consulta por sesiones individuales de DMT. Es viuda, vive sola y está próxima a jubilarse. Es alta, con los hombros caídos hacia adelante. Su relato es pausado, dulce, controlado. Me cuenta su interés por la DMT: “Me encanta moverme”. Le pregunto qué cosas le gustan del movimiento y me responde que hace diez años descubrió que moverse le da “conexión con el bienestar”, y afirma: “me cura”. Le pregunto cómo y donde comenzó y me contesta que un homeópata la introdujo en el yoga, que empezó con esas prácticas por unos dolores que tenía en el cuerpo y que notó que al moverse estos desaparecían. Una información importante que me brinda es acerca de las pérdidas importantes que sufrió en su vida: su hijo y su marido.

Descripción del proceso de la primera sesión

Caldeamiento. Se presenta con comodidad con su cuerpo y movimientos. La acompaño con una música suave, la invito a caminar por la sala, prestando atención a sus apoyos: pies y respiración. Luego le propongo recorrer las articulaciones. Ella hace movimientos de extensión, se estira. Camina, se detiene, lleva el torso hacia adelante, en ese momento señalo la posibilidad de soltar, apoyarse en los pies, percibir el peso de su cabeza. Se va metiendo en sus movimientos envolventes, hacia adentro.

Desarrollo temático. Le pregunto si le apareció algún tema, alguna necesidad desde el registro corporal. Me dice que está bien, habituándose al lugar. Me guío por lo que me llamó la atención de su movimiento, cómo se acariciaba las piernas al iniciar el encuentro, los movimientos hacia adentro. Resueno con el contacto, la piel, y hago una propuesta. Chequeo si está de acuerdo. Me dice que sí. Le digo que voy a poner música y que durante cinco minutos va a explorar su piel, su piel como límite.

Luego de moverse por siete minutos, le pregunto cómo está. Afirma que muy bien, que se conectó con el sostén de su piel, el contacto, mucho calor adentro. Y después sintió en la exploración con la pared, con la textura de la pared, el límite, que no podía ir más allá. Eso la angustió. Y agrega: “Yo tengo problemas con los límites, y acá se hizo presente con la pared”.

Su relato es pausado, dulce, controlado. Le pregunto qué cosas le gustan del movimiento y me responde que hace diez años descubrió que moverse le da “conexión con el bienestar”.

Repito el segundo tema musical de la exploración, que es donde apareció la angustia y la dificultad, y le digo que vuelva a ese lugar. Me llama la atención que yo resoné con esa angustia; mientras la miraba, me angustié y lo percibí en el pecho. Tuve un sentimiento de extrañar algo (contratransferencia somática). Repite la secuencia del movimiento. Esta vez aparece la fuerza, empuja la pared, y luego se sostiene de espaldas en la pared. Se desliza, hasta que llega al piso.

Cierre. Manifiesta que le gustó mucho la música, que le costó empezar porque es muy diferente a otras cosas que hizo. Me cuenta que se sintió cómoda, confiada. Verbaliza que tiene problemas con los límites y que en un momento recordó mucho a su esposo.

Descripción fenomenológica. Una mujer madura que se presenta segura, decidida a explorar su propio movimiento. En la necesidad del cuerpo y mi resonancia aparece la necesidad de límite, de contacto consigo misma. Cuando la veo moverse, me da la espalda. ¿Qué me pasa a mí con esto? Trabaja arriba o abajo, no hay transición; el área del cuerpo que se mueve en el plano vertical. La forma que hace su cuerpo y sus movimientos son hacia ella misma. La cualidad del movimiento, el flujo controlado, el peso es fuerte, el uso del espacio es directo. Luego del precalentamiento estoy ansiosa. ¿Qué le propongo? Ahí aparece haciendo figura ese movimiento de hamacarse acariciándose ambas piernas con las manos. También en el precalentamiento se acaricia la nuca, se abraza hacia adentro. Le propongo como tema la piel como límite. Mientras la observo moverse me conecto con el contacto, la necesidad. Voy acompañándola desde la palabra con las funciones de la piel.

Luego que ella me cuenta su experiencia agradable respecto de la piel como sostén y contacto, y desagradable en el momento de percibir el límite. En el desarrollo de la sesión le propongo volver a ese lugar más áspero. En el momento del cierre de esta sesión verbaliza que la segunda vez no fue tan incómodo el registro de la pared, del límite. De hecho, se deslizó sobre ella hasta llegar al suelo.

Descripción del proceso

Acordamos que realizaríamos tres encuentros, dado que ella estaba a punto de hacer un viaje.

Al segundo encuentro llegó muy entusiasmada, más confiada. Me cuenta que le pasaron muchas cosas esa semana. Me dice: “Por tu culpa”. Relata que fue al dermatólogo. Después advirtió que estuvo trabajando su piel. ¿Y por qué ahora? Porque se dio cuenta de los límites de su edad: “El almanaque se me cayó en la cara”. “También me acordé mucho de mi esposo”. Reflexiona acerca de cómo todos estos años se dijo a sí misma “Yo puedo”, y todo lo que sostuvo.

Por último, comenta que tuvo un sueño que le llamó la atención: iba en un auto y se le aproximaba un camión peligrosamente. En ese momento noto que son muchas cosas y me pregunto por cuál empezar. Pensando que estoy frente a una mujer adulta, decido trabajar la elección, la responsabilidad en el sentido de responder a las necesidades presentes.

Una mujer madura que se presenta segura, decidida a explorar su propio movimiento. En la necesidad del cuerpo y mi resonancia aparece la necesidad de límite, de contacto consigo misma.

Calentamiento. La última vez, antes de irse había una música de fondo de una cantante peruana, Susana Baca. Ella comentó que era de su agrado. Grabé una selección de esa cantante que según mi criterio sintonizaba con contenidos congruentes con “M”: la madurez de la mujer, la autorreflexión, la profunda intuición acerca de las cosas y la sabiduría femenina. Puse una canción que es muy alegre y rítmica (“Se me van los pies”), con tambores.

Desarrollo temático. Le pregunto cómo está, dice que siente mucho calor, el calor adentro. Esto ya lo había resaltado en el encuentro anterior. Elijo entrar por ahí, por la sensación de calor. Luego, cuando empieza a moverse al ritmo de la música, desde ese calor enumero los temas que ella trajo. El almanaque que se cayó en su rostro, la imagen del sueño, los límites… y le pido que elija, desde la escucha de su cuerpo, por dónde ir hoy.

Descripción fenomenológica. Llega con motivación para moverse, se abre, cuenta todo lo que le pasó en la semana referido al encuentro, las asociaciones. Yo tengo la sensación de que es mucho. Aparece su vitalidad, desde la entrada en calor. Luego, en el desarrollo temático, se va metiendo en sí misma, cierra los ojos. Explora. Lo que más me llama la atención es cómo utiliza el plano vertical, está arriba, segura, o está abajo. Observo que la transición es súbita. Le pido que explore la transición entre arriba y abajo. Qué hay arriba, qué encuentra abajo, cómo es la transición entre ambos niveles… hasta que se deja caer al piso. Tiene los ojos cerrados. Veo que está llorando.

Cierre. La acompaño desde la palabra, para que reciba esas emociones. Empieza a hablar: “Todo lo que sostuve en estos años, muchos recuerdos. Por tu culpa voy a tener que empezar una terapia”. Le pregunto sobre las terapias que ha realizado, me comenta que cuando falleció el hijo hizo un proceso psicoterapéutico. Le pregunto cómo falleció, me cuenta que en un accidente de auto. Después advierto que en el inicio del encuentro ella tuvo un sueño con esta escena traumática. También habla de su marido. Describo que me llama la atención que la mayoría de sus movimientos me dan la espalda; le pregunto qué le sucede con mi mirada. Responde que tiene la necesidad de cerrar los ojos, recogerse para mirar para adentro, que no se da cuenta si me da la espalda. Está muy conmovida, yo también. Escucho la historia, sus sentimientos emergen.

Para cerrar le digo que nos vamos a mover las dos y pongo otro tema rítmico. Nos hamacamos mirándonos, incluyo la pelota como un objeto “entre” que medie el espacio. Nos pasamos la pelota con los pies.

Resueno con la vitalidad de ella, algo doloroso en el centro, algo que necesitó soltar, una gran necesidad de estar viva, de gritar: “esta soy yo”. Muy despacio sigue en movimiento, de descenso, hasta que queda acostada boca abajo.

En este encuentro se vincula la transición del movimiento a la palabra. Noto que la intervención de explorar la transición entre arriba y abajo la habilita a estar en otro lugar, dejarse caer al suelo. Me quedo pensando en su experiencia de movimiento, lo que dice: “El movimiento me cura” y me pregunto qué necesita curar hoy.

Último encuentro

Llega diez minutos antes. Cuando abro la puerta, la veo sonriente. Me dice: “Esta semana me salió todo al revés, menos venir acá”. Y sigue su relato: “(…) ordenando mi casa (…) encontré unas fotos y las colgué”. “Me quedé pensando lo que me dijiste de las transiciones, que me cuesta perder el control cuando me caigo. Me acordé de que yo antes me caía mucho, ahora no tanto. Me cuesta mucho estar en el medio; o estoy arriba o estoy abajo. Y, como te dije, estos años sostuve mucho, y el otro día me fui muy bien después de estar abajo, no me da miedo estar abajo”. “También me quedé pensando lo de la mirada, y ¿sabés una cosa? Me da vergüenza”. “Hoy es la última ¿no?”. “Sí”, le digo, “vamos a tomarnos esta sesión para cerrar los encuentros que tuvimos. Los temas que fuiste transitando, creo que se actualizó tu vitalidad”.

Caldeamiento. Iniciamos una en frente de la otra. Percibo mucha ansiedad. Empieza a hablar. Me alejo un poco y le pido que siga conectándose con su respiración, con la necesidad de su cuerpo. Le propongo centrarse en la respiración. En ese momento se queda quieta, parada. Voy guiándola en la respiración tridimensional.

Desarrollo temático. Desde allí le propongo explorar el centro y la periferia en el cuerpo. Centro se considera al tronco, articulaciones de los hombros y las caderas. Periferia a la cabeza, brazos y piernas. Acompaño con un tema musical suave. Permanece en quietud, con los brazos al costado del cuerpo. Ojos cerrados. Se observa un contraste importante entre el inicio del encuentro y este momento. Creo que es interesante explorar el impulso interno del movimiento. Le doy una consigna de Movimiento Auténtico.[2] Le comento que vamos a seguir trabajando esas sensaciones, emociones o imágenes que fueron apareciendo en esta exploración y que ahora lo haremos en silencio y con ojos cerrados, durante siete minutos. Le pido que escuche ese impulso interno, que eso cobre vida, se puede mover, o sacar la voz, y agrego: “Yo me voy a quedar en silencio acá y voy a indicarte cuando el tiempo haya transcurrido”.

Observo que sigue respirando, parada, en quietud. De repente, con un movimiento súbito, como latigazos, empieza a sacarse algo de encima, con sus manos se limpia, va recorriendo todo su cuerpo, acompaña el movimiento con la voz, quejándose con fuerza. Se mueve sobre su plano vertical, sin desplazamientos. Es un movimiento de descarga. Resueno con su vitalidad y algo doloroso en el centro del pecho. Me surge la frase: “esta soy yo”, a los gritos. Estas resonancias no son compartidas con ella verbalmente. Luego de moverse con energía durante unos minutos se queda de nuevo de espaldas a mí, va bajando la intensidad y de nivel espacial, se va al piso. Allí se arrodilla y desliza las manos por la alfombra, descendiendo el tronco, toca el piso con el pecho, como hacen los gatos. Se queda detenida, con la cara a la tierra, como una posición de orar, o de reverencia, va y vuelve lentamente. Después se sienta. En este momento está de frente a mí. Se acaricia la cabeza y el pelo, respira y suspira. Resueno con una necesidad de descansar. Muy despacio sigue en movimiento, de descenso, hasta que queda acostada boca abajo. Toco la campanita. Y acompaño con mi voz: “voy cerrando la experiencia, muy lentamente. Tomate tu tiempo para abrir los ojos. Voy a darte unos materiales plásticos para que continúes expresándote, lo que necesites, ahora”. Le doy crayones y unas hojas para que realice una expresión plástica. Este momento tiene que ver con la posibilidad de hacer una transición de ese estado de introspección hacia un lugar de mayor contacto con los contenidos que se hagan presentes a nivel consciente.

Me cuenta que fue una experiencia diferente, no muy agradable. “Este es el centro”, dice señalando el color amarillo, “y la periferia, estos rayos rojos. Lo dibujé rojo porque volví a sentir que algo me quema. Mucho calor. Algo que me subía, el calor subía y subía, y me quedó acá” (señala su garganta), “tenía necesidad de gritar pero no pude, es un tema ese, nunca puedo gritar”.

Le señalo que se quejó. Ella dice que sí, que se quejó, y que el movimiento de sacarse algo la alivió, pero algo quedó en la garganta.

Le pregunto si necesita algo. Responde que está bien, que fue raro, pero que está bien. Se siente muy vital. Manifiesta que estos encuentros la conectaron consigo misma. Y vuelve a afirmar: “El movimiento me cura”.

Reflexión final

“El movimiento me cura” es una afirmación que nos brinda “M” desde el comienzo de este breve proceso. Esta frase remite a unos de los pilares de la Danza Movimiento Terapia que es el uso del movimiento como medio de cambio. Sharon Chaklin, una de las discípulas de Marian Chace, afirma que el cuerpo en movimiento es una fuerza sanadora para el sufrimiento emocional, y que esta relación no fue muy desarrollada en la cultura occidental. La DMT desde hace aproximadamente 60 años viene profundizando, explorando y creando marcos teóricos y metodológicos para que esta potencia que habita nuestros cuerpos llegue cada vez a más personas. El movimiento es el don que compartimos todos (Chaklin, 1975).

En este breve relato se puede destacar el punto de partida de M. desde la necesidad de estar en contacto consigo misma, a un contacto consigo misma.

Bibliografía

Chaklin, S. (1975). Chapter 37: Dance Therapy. The American Handbook of psychiatry. Vol. V. Editor, Silvano Arieti.

Fleischer, K. (2005). “Movimiento auténtico. Una forma de imaginación activa. Danza Movimiento Terapia y Psicología Analítica”. Artículo presentado en la primeras Jornadas Luso hispanas de Danza Movimiento Terapia, España.

Panhofer, H. (comp.) (2005). El cuerpo en psicoterapia. Barcelona: Editorial Gedisa.

Stromsted, T. (2009). Authentic Movement: A dance with the divine. Body, Movement and Dance in Psychotherapy. DOI: 10.1080/17432970902913942


[1] Espejar es una de las técnicas de la DMT. Los psicoterapeutas en DM interpretan el movimiento a través del “mirroring” (espejamiento), completando o expandiendo frases de movimientos inacabadas y ofreciendo nuevas maneras de adaptación y comunicación interpersonal. Realizan todo esto de manera no verbal, pero solo podrán establecerse como cambios “permanentes” si se interpretan verbalmente también (Siegel, 1995).

[2] El Movimiento Auténtico (MA) es un proceso que se da en el contexto de la relación de una persona que se mueve y un testigo. El testigo ofrece una función de espejo y de contención de la experiencia del que se mueve. Este, a su vez, se deja ser movido por la corriente inconsciente de las sensaciones e imágenes sentidas en el cuerpo. Posteriormente, se da espacio a la expresión creativa (pintura, escritura, escultura, etc.) de lo vivido y se trae la experiencia a la consciencia (Stromsted, 2009). MA fue creado por Mary Whitehouse, otra de las pioneras más importantes de la Danza Movimiento Terapia.

* Maestra Nacional de Danzas Clásicas. Licenciada en Psicología. Especialista en Danza Movimiento Terapia. Psicoterapeuta gestáltica formada en AGBA. Cocreadora de Escenario Invisible junto a Alex Segovia. Coordinadora de grupos de Teatro Terapéutico Gestáltico y Danza Movimiento Terapia. Docente invitada en la formación integral en Arte terapia, de la Asociación de Argentina de Arteterapia y de Centr-Art.

Cómo citar este artículo:

Buneta, A. U. (2019). Breve proceso de Danza Movimiento Terapia individual: «El movimiento me cura». Arteterapia. Proceso Creativo y Transformación, 6 (42-46). Recuperado de: https://arteterapiarevista.ar/breve-proceso-de-danza-movimiento-terapia-individual-el-movimiento-me-cura/