El día que el mundo se detuvo

La pandemia del COVID-19 irrumpió y cambió las coordenadas de nuestra vida individual y colectiva, nacional y planetaria. La cartografía mundial se detuvo y el paisaje de miles de viajeros en los aeropuertos, deseosos de conocer, vivir o trabajar en otras latitudes, es una imagen que se aleja de nuestra experiencia cotidiana para buscar un lugar de reposo en nuestros recuerdos. Socialmente, enfrentamos la paradoja de “vernos desde lejos tan unidos”, como dice la canción que se convirtió en un himno de este tiempo para la población de habla hispana. Estamos hiperconectados a través de las redes y aplicaciones de comunicación y, sin embargo, nos preguntamos si en verdad sabemos cómo se encuentra el otro; vemos el derrotero de la pandemia en otros países y sentimos que estamos tan cercanos solo porque somos tan vulnerables como todos, pero debemos mantenernos alejados. Lo cercano y lo lejano son dos de las categorías espaciales que se encuentran en mutación, al punto que nos preguntamos si estamos más próximos o distantes de nuestros semejantes en este tiempo de aislamiento social.

Las diversas profesiones y ocupaciones no han quedado exceptuadas de esta deconstrucción exigida por asalto. Han visto que se modificaba el encuadre de su ejercicio y quehacer laboral, sin saber si quiera por dónde comenzar a reconstruirse, y obligadas a hacerlo con premura. Y el arteterapia fue parte de esta exigencia, debiendo repensarse con rapidez, sin poder poner su pensamiento y praxis en cuarentena. Las formaciones de arteterapia que hacen de lo vivencial un eje medular de sus propuestas académicas se hallan definiendo si todos los contenidos pueden ser transmitidos mediante la modalidad de educación virtual. La práctica arteterapéutica también nos ha forzado a pensar cuáles son las principales tensiones, límites y virtudes de la atención online de personas que se encuentran en un proceso terapéutico.

Creemos que nuestra profesión estará atravesada por interrogantes antes de mostrar sus nuevos contornos, y consideramos necesario también darnos tiempo para formularnos las mejores preguntas. El riesgo es aventurarnos a dar respuestas rápidas a interrogantes mal formulados acerca de nuestra teoría y nuestra praxis.

Este número comenzó a gestarse cuando el escenario presente no podía ser imaginado ni por un avezado escritor de ciencia ficción. En “Haciendo foco”, una sección concebida para plantear los temas más importantes que atraviesan la disciplina, presentamos una reflexión que, partiendo de la premisa de la subjetividad, explora distintas facetas identitarias en la práctica arteterapéutica, como el valor de la experiencia, la función del sostén, las posibilidades de la mirada, la construcción de los límites y el uso de la imagen en la metáfora.

En esta edición presentamos una sección nueva, “Recorriendo museos y galerías”, que fue creada con la intención de que los arteterapeutas nos cuenten sus visitas por estos espacios que los mantienen conectados con el arte, e incluso piensen en la utilización de estos en su práctica profesional. En esta oportunidad, el arteterapeuta argentino Luis Formaiano nos cuenta su paso por el Museo Reina Sofía y otras muestras en España. Animamos a los arteterapeutas del mundo a escribir sus experiencias para esta nueva sección.

Continuamos presentando posibles lenguajes arteterapéuticos que pueden enriquecer su práctica. En esta ocasión irrumpen los títeres y su magia, y las posibilidades de la escritura o de la bandeja de arena para el trabajo arteterapéutico. En cuanto a las experiencias arteterapéuticas, diversos profesionales nos cuentan su trabajo con niños autistas, mujeres que se encuentran en dependencia del consumo de drogas o con población en general.

El reportaje central fue destinado a un profesional argentino especializado en la danza y el movimiento: Guillermo Molina Rus. En momentos en que el aislamiento nos compele a no desplazarnos, a permanecer inmóviles, creemos importante recuperar reflexiones sobre las potencialidades que ofrece el cuerpo en movimiento para el arteterapia.

En la “Galería de lenguajes arteterapéuticos” presentamos el trabajo creador de arteterapeutas que ya se encontraban en sus hogares en el contexto de la pandemia y quisieron compartir sus obras y reflexiones. Nos parece importante que los profesionales no pierdan el contacto con el propio proceso creador y por eso aplaudimos calurosamente cuando comparten estos contenidos.

Los invitamos a disfrutar las páginas de esta nueva edición con la conciencia expandida de ser, como expresó Séneca, “olas del mismo mar, hojas del mismo árbol, flores del mismo jardín”.

 

Equipo Editorial

Cómo citar este artículo:

El día que el mundo se detuvo (2020). Arteterapia. Proceso Creativo y Transformación, 7. Recuperado de: https://arteterapiarevista.ar/el-dia-que-el-mundo-se-detuvo/