La escritura como herramienta de intervención en el campo de la Arteterapia

Resumen

Este artículo presenta lineamientos teóricos y prácticos acerca de la escritura como una herramienta terapéutica y su valor para el trabajo de profesionales vinculados al área de salud mental y, específicamente, de la Arteterapia.

Palabras clave: escritura terapéutica, cuento terapéutico, recursos.


“Escribir es intentar comprender, es intentar reproducir lo irreproducible, es sentir hasta el final el sentimiento que de otro modo permanecería apenas vago y sofocante. Escribir es también bendecir una vida que no fue bendecida”.

Clarice Lispector

 

A diferencia de los animales, que simplemente dejan marcas de sus pasos, el ser humano puede volver sobre ellas, borrarlas y reescribirlas.

Desde sus primeros tiempos en el planeta, se ha notado esa necesidad del ser humano de dejar huellas en los lugares donde habitaba, en cada objeto que creaba. Esas huellas se convierten en escritura en tanto llegan a ser leídas por medio del lenguaje articulado.

El lenguaje distingue a los seres humanos de los animales, dándoles una herramienta de transmisión de sus procesos tanto afectivos como cognitivos.

Las personas somos seres de lenguaje: esta posibilidad nos otorga el poder de desplegar, entre otras cuestiones, sentimientos y pensamientos, tanto en forma verbal como escrita.

¿Qué es la Escritura Terapéutica?

Según los estudios de James Pennebaker (1997), se define como escritura terapéutica a aquella en la que se plasman los sentimientos y pensamientos más dolorosos, más traumáticos, produciéndose una catarsis que beneficia al autor de dicha escritura, no solo a nivel físico sino también emocional.

Cabe destacar que para que esta situación tenga relevancia es necesario que se realice desde el anonimato.

La escritura terapéutica mejora la calidad de vida, es una herramienta óptima en el aprendizaje del mundo y su afrontamiento, es un disparador para el desarrollo de la creatividad, ayuda a recordar información y constituye una alternativa para sobrellevar un problema, entre otras tantas posibilidades.

A propósito de todo esto, dice Pennebaker (1997): “Una razón por la cual escribir sobre los traumas puede resultar físicamente saludable, es que la propia escritura constituye una forma fundamental de expresión de uno mismo” (p. 156).

Desde hace más de tres décadas se llevan a cabo estudios acerca de la escritura. Dichas investigaciones científicas avalan el valor de escribir acerca de situaciones traumáticas.

La escritura puede ser una vía útil para que las personas expresen vivencias dolorosas, como un duelo o una situación traumática, o bien, emociones intensas, como un miedo profundo.

Un estudio, entre los tantos, es el que se realizó con pacientes con asma y artritis reumatoide. En este estudio, se comprobó que el 47% de los pacientes que escribe sobre hechos estresantes obtiene resultados significativamente mejores en los test cuatro meses después comparado al 24% de aquellos que escriben sobre temas emocionales neutros. Además, se agrega que los pacientes con asma, a partir de esta propuesta de escritura “anónima”, presentan una mejora más rápida que los pacientes con artritis reumatoide (Bruder, 2011). El paradigma de la escritura es excepcionalmente poderoso: las pérdidas amorosas, las muertes, los abusos sexuales, los accidentes trágicos son temas recurrentes a partir de él. Incluso los artistas descubren su valor casi como un hallazgo científico. Podemos encontrar innumerables historias de vida en la literatura y el arte en general. A continuación, presentamos dos ejemplos en los que la escritura se convirtió en escritura terapéutica: Astor Piazzola y Jorge Luis Borges.

El músico y compositor argentino Astor Piazzola vivía en Nueva York (Estados Unidos), mientras que su padre residía en Mar del Plata (Argentina). Un día recibe una llamada desde Mar del Plata que anuncia la muerte de su padre. Una hora después, encerrado en su lugar de trabajo, compone “Adiós Nonino”,[1] su obra emblemática, como despedida a su padre. En los versos de esta pieza de tango se pueden leer frases contundentes, tales como:

“Cuando me llame, voy a ir
a preguntarle, por ese niño
que con su muerte lo perdí”.

Y hacia el final:

 “Y hoy mi viejo ‘Nonino’ es una planta.
Es la luz, es el viento y es el río…
Este torrente mío lo suplanta,
prolongando en mi ser, su desafío”.

Otro –y tan valioso– es el caso del escritor argentino Jorge Luis Borges,[2] quien en una entrevista cuenta que sufre de insomnio. Una noche, ante el mismo síntoma, se sienta y escribe uno de sus cuentos más destacados: “Funes el memorioso”, cuyo personaje principal representa su padecimiento frente a la memoria infinita que le impide descansar. Luego de dicha creación, declara Borges, el insomnio desaparece de su vida.

De la Escritura al Cuento Terapéutico

Se entiende por Cuento Terapéutico (CT) a todo cuento escrito por un sujeto a partir de la situación traumática más dolorosa vivida y cuyo conflicto concluye con final positivo. Es decir que la situación vivida en el pasado se resuelve positivamente en el cuento.

La Escritura Terapéutica[3] se realiza desde las situaciones más dolorosas vividas y en primera persona. En cambio, Cuento Terapéutico es aquel que se escribe también desde la situación más dolorosa, pero la propuesta es en tercera persona. Esto permite al autor tomar una distancia óptima ante un hecho doloroso o un conflicto, que se manifiesta por medio del personaje que él mismo crea y que lo representa (Bruder, 2011).

Cuento Terapéutico es una intervención científica basada en un experimento cuanti-cualitativo (Bruder, 2004). En dicha investigación se destaca un caso paradigmático: María Elena, participante a quien el azar incluye en el grupo experimental que escribe cuentos terapéuticos.

María Elena había perdido a su hermano en forma abrupta, diez años antes de esta propuesta y, si bien realizó en el pasado un abordaje terapéutico tradicional, recién con la escritura de su cuento terapéutico pudo elaborar la muerte de su ser querido.

En su escritura describe en formato de cuento el escenario de la situación dolorosa vivida (Bruder, 2011). Su historia sale a la luz cuando, al finalizar la escritura de su cuento, se acerca a quien dirigió el estudio solicitando una copia: “Necesito reescribirlo, me hizo tan bien…”.

De los resultados del estudio se observa que María Elena mejora de manera notable su bienestar psicológico a partir de la escritura de su cuento terapéutico (esta mejora se puede ver a partir de los resultados que se midieron con el BIEPS).[4] Mejora su bienestar físico, así como también hay mejoría en sus dolencias (tos, insomnio, dolores de cabeza y estomacales). A partir de esta experiencia ella demostró ser una persona más saludable, no solo en los datos recogidos en las aplicaciones de los test psicométricos, sino porque decidió hacer pública su historia.

Otros géneros y recursos de Escritura Terapéutica

Dentro de la práctica de Escritura Terapéutica se puede apelar a diferentes géneros y recursos que pueden ayudar a las personas a poner su vida por escrito.

Como se mencionó en párrafos anteriores, la escritura puede ser una vía útil para que las personas expresen vivencias dolorosas, como un duelo o una situación traumática, o bien, emociones intensas, como un miedo profundo.

Este último es el caso de una consultante, Ana, quien llega al espacio de consulta con una verdad indiscutible: “Tengo miedo a volar y en tres meses tengo que subirme a un avión”.

Con ella se trabajó el sentido del viaje y el sentido de vida. De hecho, el viaje se convirtió en una metáfora y el puntapié para trabajar los diferentes “vuelos que debía emprender en la vida”. Se trabajó externalizando[5] el miedo y armando una narrativa de este: los efectos en la vida de Ana y con qué otros eventos se relacionaba.

Algunos de los recursos de escritura que acompañaron el proceso fueron:

-Invitación a llevar un diario terapéutico.

-Escritura de cartas.

-Dibujos libres y bajo consigna.

-Confección de tarjetas con consignas lúdicas para implementar durante el vuelo.

Al finalizar esta etapa de acompañamiento, Ana pudo subirse al avión y realizar su viaje. Superar ese evento la fortaleció en situaciones que aparecieron en el futuro.

Hasta el día de hoy, Ana continúa escribiendo y recuerda ese miedo a volar como un espaldarazo inicial para emprender otros “vuelos” en su vida.

Otros recursos valiosos de escritura terapéutica son la creación de canciones, poesías, diarios, listas, frases a completar, etc.

Como profesionales de la salud y la ayuda, destacamos la importancia de tener una escucha activa de la historia de la persona antes de invitar a escribir, considerando siempre el “para qué”, es decir, teniendo un objetivo claro. Esto ayudará a poder elegir entre la propuesta de un cuento o una poesía, por ejemplo. En los espacios terapéuticos, a diferencia de talleres y propuestas literarias, escribir no es el fin, sino un puente para que las personas encuentren alivio y bienestar en sus vidas.

Conclusión

Desde la Arteterapia, la escritura terapéutica y sus diferentes manifestaciones (cuentos terapéuticos, cartas o diarios íntimos, entre otras) son un soporte eficaz a la hora de colaborar en el aumento del bienestar físico y emocional de los sujetos.

La Escritura Terapéutica es una herramienta valiosa tanto para el área de la prevención como para el de la clínica, y se puede implementar en modalidad individual y grupal.

Se destaca la importancia y la responsabilidad en los/las profesionales, al incorporar dicha herramienta. La importancia de tener la experiencia personal de escritura, así como también la formación adecuada en su uso, y la responsabilidad de saber que la escritura, en este caso, no es el fin, sino un medio para acompañar a las personas en su búsqueda de alivio y bienestar.

Bibliografía

Bruder, M. (2004). Implicancias del bienestar psicológico y sus correlatos. Tesis doctoral. Universidad de Palermo, Buenos Aires.

— (2011). Escritura y cuento terapéutico: enfoque teórico-clínico. Buenos Aires: Editorial Horme.

Fagundez, P. (2015). La función de la escritura. Tesis de grado. Universidad del Museo Social Argentino, Buenos Aires.

Pennebaker, J. (1997). El arte de confiar en los demás. Buenos Aires: Alianza Editorial.

 

[1]Adiós Nonino de Astor Piazzolla, del álbum Adiós Nonino, grabado en Buenos Aires en 1960.

[2] Entrevistado por María Esther Gilio. Conversaciones, Ediciones Instituto movilizador de fondos cooperativos (1993).

[3] Según el concepto de James Pennebaker (escritura expresiva emocional).

[4] Escala para evaluar el bienestar psicológico.

[5] La externalización del problema es un abordaje terapéutico dentro de la Terapia Narrativa que insta a las personas a volver material el problema. Este se convierte en una entidad separada, externa a la persona o a la relación a la que se le atribuía.

a Doctora (PhD) en Psicología (Universidad de Palermo) Especialista en Cuento Terapéutico y Escritura Terapéutica. Licenciada en Psicopedagogía en Reeducación (CAECE). Autora de los libros: El cuento y los afectos: los afectos no son cuento (Galerna, 2000) y Escritura y Cuento terapéutico: enfoque teórico-clínico (Editorial Hormé, 2011).

b Licenciada en Psicología (UMSA). Diplomada en Terapia Narrativa (PraNas Chile). Formada en Escritura Terapéutica con posgrado en Escritura: creatividad y comunicación humanas (FLACSO).

Cómo citar este artículo:

Bruder, M. y Fagundez, P. (2020). La Escritura como herramienta de intervención en el campo de la Arteterapia. Arteterapia. Proceso Creativo y Transformación, 7 (18-20). Recuperado de: https://arteterapiarevista.ar/la-escritura-como-herramienta-de-intervencion-en-el-campo-de-la-arteterapia/